Tú a Boston, yo a California


Concentrados en la discusión, olvidaron lo que se necesitaban. Así Javier, recogió sus cosas, hasta la toalla del Barça se llevó, y, se fue a casa de su madre. Ninguno de los tres deseaba esta situación.

A mamá tampoco le gustaba la anterior, pero mientras cada uno cocinase en su casa, aguantaba lo del menú. Lo de que su hijo se metiese en el matrimonio de Paula, lo llevó bastante peor. Paula era hija de una buena amiga, que luego dejó de serlo. La vergüenza la humillaba cuando se encontraban en el supermercado o de paseo por Castrelos.

Paula, sin embargo después del lógico shock, lo masticó mejor. De hecho, pensándolo hoy en día, podría concluir que su matrimonio le estaba aburriendo, así que no le vino mal un cambio. Bien es cierto que los dos primeros años fueron un infierno.

-Me agregué al face de Javier, haciéndome pasar por un tal Antonio, repasé las facturas de teléfono, los estractos bancarios, el calendario.

Después llegó la fase de búsqueda de sustituto.

-Eres hetero, ¿no?

Se sorprendió a sí misma haciéndole esta pregunta a un pulpo gilipollas que la invitó a una copa en el Torgal y, que luego le regaló un par de buenas noches. Lo mejor sin duda fue lo de Lorena. Lo repetiría, pero cree que ya está demasiado confundida, y después de todo, la pobre aún sueña con casarse por la iglesia.

-Sólo son unos días.
-¿Y qué tal con tu madre?
-Prefiero no hablar, resulta especialmente incómodo.
-Lo entiendo, entonces...
-Entonces nada, que tu ex y yo hemos terminado.

Ella lo dudaba, conocía un poco a Luís como para no comprender que realmente quería al larguirucho. Lo que le llamaba la atención fue la reacción del jovenzuelo, y por supuesto, la suya propia. Allí sentados, en el local de la Cubana, hablando sobre su ex. El muchacho estaba rabioso.

-No sé si es buena idea, pero verte en estos momentos...
-No te preocupes, iba a recoger al niño, pero aún tengo un rato-Paula-un...?
-Café solo, ¿y tú?
-Un nestea
-Le mataría
-Yo en un tiempo
-Perdona, y a tí ¿qué tal?
-Bien, (envejeciendo) bien
Realmente está bien el muchacho, a pesar de su enorme nariz. Tiene unos ojos negros preciosos y buena planta. El niño pasa mucho tiempo con ellos, con él más bien, y parece que se aprecian.

-¿Haceis competiciones de quien apunta más lejos?
-Sí
-¡Hombres!

Y como si le leyese el pensamiento.

-La tiene mas pequeña que papá

No apetece recogerse, pero ya no hay nadie para inventarse alguna conversación. La cena está hecha, y no sé sabe con qué intenciones, hay judías.

-Come
-¡Mamá!
-Y recoge el portátil cuando no lo necesites
-No creo que estorbe tanto
-El salón no es su sitio

No es que le moleste su hijo, es que le agrada su intimidad. Que se resuelva pronto, o que encuentre a otro ya.

-Hasta luego

No le respondió, era de esperar. A la mamá de Paula no se le olvida lo que su hijo les hizo. Y a ella tampoco. El otro día pasó un buen mal rato cuando Javier la acompañó al supermercado. Pidió a dios no cruzarse con ella. Parece que hubo suerte, pero el dolor de cabeza le duró treinta horas más.

-Papá
-¿Qué?
-Mamá dice que os debiais arreglar
-Vaya

Doce de la mañana, hace mucho frío. La calefacción en la casa de Manu siempre está puesta.

-Sabes, cuando cubro una ficha, muchas veces no sé qué poner.
-¿Y-y-y luuu-eee-gg-go?
-Los formularios dejan un espacio para padre, madre, hermanos... incluso abuelos, pero no para familias como la mía...

No hay comentarios:

PROFECÍA

"La escritura metódica me distrae de la presente condición de los hombres. La certidumbre de que todo está escrito nos anula y nos afantasma. Yo conozco distritos en que los jóvenes se prosternan ante los libros y besan con barbarie las páginas, pero no saben descifrar una sola letra (...)

Quizá me engañen la vejez y el temor, pero sospecho que la especie humana -la única- está por extinguirse y que la Biblioteca perdurará: iluminada, solitaria, infinita, perfectamente inmóvil, armada de volúmenes preciosos, inútil, incorruptible, secreta (...)

Yo me atrevo a insinuar esta solución del antiguo problema: La Biblioteca es ilimitada y periódica. Si un eterno viajero la atravesara en cualquier dirección, comprobaría al cabo de los siglos que los mismos volúmenes se repiten en el mismo desorden (que, repetido, sería un orden: el Orden). Mi soledad se alegra con esa elegante esperanza."


Jorge Luis Borges (Ficciones: La Biblioteca de Babel)