Como una mariposa nocturna.

Crisálida. 
Despegarse. Bucear
Necesidad de contar, sin saber el qué.

Parcialmente muerta,
de la vida para abajo.


Qué se dice.

Juraría que no huele a nada. Es raro.

En la acera me cruzo con las huellas del gusano. Olfateo las patatas en aceite hirviendo.

Hace hambre. Las calles se tropiezan conmigo.
Oigo el calor.

En cama.
Nada.

Se oyen voces. Mi dormitorio apesta a sueño.
Al alma le estorba el cuerpo.                                             No me gusta. Me sobra.

El lenguaje se pervierte. Más aún cuando se delinea en un papel y se envuelve de hilos.
Aún estoy aquí. Sin lapidarme, entre las sábanas.

El mercado huele a pescado seco.

Me duele la cabeza. Pego fuerte los labios y los muerdo con los dientes hasta sentir.
No corre aire.
Estoy cansada.
No esperar, caminar.                                                                 Irse de nuevo a la cama.

Abrir la boca.
Para respirarse hace falta más que consumir el aliento propio.
Junto al nervio que se dibuja en tu cuello, una línea.

Me quedaré dormida.

Si me quedo así. Sin moverme. Si no salgo de la cama durante el tiempo suficiente.

Como flotando en el agua.
La suerte para quien la agarra. No sirve.
                               
Mis manos. Mis uñas.                                                    Mi culpa.

Desde este rincón cuesta llegar a algún sitio. Envuelta en ropa sudada.
Tiempo de queja.                                                           Fuera hace frío.

No se entiende. Coser la boca.
No se desea. Se esconde.

Nada más quiero que llegar a casa, a mi cama.
Labilidad emocional.

No morir. No matarse.                                                     Dormir.

Ridículas palabras pensadas. Vomitadas unas, sin orden y perdidas, otras.


Ellos están derrotados.

Ella está enferma de vida.
Él la odia por eso.

El otro, ni siquiera existe.


...un atributo que parece mitigar sus temores
y, tal vez, los agrava...
J. L. Borges

PROFECÍA

"La escritura metódica me distrae de la presente condición de los hombres. La certidumbre de que todo está escrito nos anula y nos afantasma. Yo conozco distritos en que los jóvenes se prosternan ante los libros y besan con barbarie las páginas, pero no saben descifrar una sola letra (...)

Quizá me engañen la vejez y el temor, pero sospecho que la especie humana -la única- está por extinguirse y que la Biblioteca perdurará: iluminada, solitaria, infinita, perfectamente inmóvil, armada de volúmenes preciosos, inútil, incorruptible, secreta (...)

Yo me atrevo a insinuar esta solución del antiguo problema: La Biblioteca es ilimitada y periódica. Si un eterno viajero la atravesara en cualquier dirección, comprobaría al cabo de los siglos que los mismos volúmenes se repiten en el mismo desorden (que, repetido, sería un orden: el Orden). Mi soledad se alegra con esa elegante esperanza."


Jorge Luis Borges (Ficciones: La Biblioteca de Babel)