Jazz

María sigue sin contestar. Dentro del armario están las medias, toditas revueltas. No se puede creer que tenga que ir a recoger a Gerardo. Después de todo las cosas fueron peor que mal. Pero en fin, todo sea por no perder la vez en el cielo.

Tras diez años, una minúscula discusión y la conclusión de que no se aguantaban. La batalla y su final se resolvieron en media hora. A barrer, a barrer bien debajo de la cama, que no quede nada.
Y Jazz mirando inquieto, sus ojitos amarillos asustados:

-¿Y quién se lo queda?
-Por supuesto, yo.

Paula coge al gato como si de un bebé se tratara (y en realidad lo era, su bebé al menos). Piensa: En el reparto me he quedado con la custodia del "niño".

Unas horas tardó en meter las cosas en esos enormes sacos de plástico negro, más tiempo en ordenarlo en el armario de su cuarto en casa de mamá. Y lo peor fue convencerla de que aquel montón de pelo blanco era imprescindible. Lo más importante.

-¡Sólo unos días!

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PROFECÍA

"La escritura metódica me distrae de la presente condición de los hombres. La certidumbre de que todo está escrito nos anula y nos afantasma. Yo conozco distritos en que los jóvenes se prosternan ante los libros y besan con barbarie las páginas, pero no saben descifrar una sola letra (...)

Quizá me engañen la vejez y el temor, pero sospecho que la especie humana -la única- está por extinguirse y que la Biblioteca perdurará: iluminada, solitaria, infinita, perfectamente inmóvil, armada de volúmenes preciosos, inútil, incorruptible, secreta (...)

Yo me atrevo a insinuar esta solución del antiguo problema: La Biblioteca es ilimitada y periódica. Si un eterno viajero la atravesara en cualquier dirección, comprobaría al cabo de los siglos que los mismos volúmenes se repiten en el mismo desorden (que, repetido, sería un orden: el Orden). Mi soledad se alegra con esa elegante esperanza."


Jorge Luis Borges (Ficciones: La Biblioteca de Babel)