Trece, ¡Idiota!

-¿Cómo te llamas?
-Trece
-¿Cómo?
-Trece, y no hagas ningún chiste -malhumorada- ya lo hizo mi madre cuando me parió
-¿Y por qué?
-¿Por qué, qué?
-¿Por qué te puso Trece?
-Porque le salió de los ovarios supongo
-¿Pero naciste ese día?
-¿Cuál, en trece? -más mosqueada- ¡No!
-Joder, ¡cómo te pones!
-Hombre,¿te he preguntado yo tu nombre?
-No
-¿Y crees qué me importa?
-Supongo que no
-¿A qué venimos aquí?
-A gritar creo
-Eso, venimos a escupir
-¿Cuántas cicatrices tienes?
-Al menos siete, ¿y tú?
-Seis
-Bien
-Manu está en su casa
-¡Vaya novedad!
-Joder, espera...- frustrado- retorciéndose
-¿Le duele más que otros días?
-No
-¿Entonces?
-Sólo contextualizo
-Pero es que no se trata de eso
-Bien, pues yo no sé de qué se trata
-¿Cuándo se cayó del andamio?
-Hace tres años
-¿Cuándo cobra la indemnización?
-No sé, la empresa recurrió
-Ya sé, ya sé, porque no llevaba bien el cinturón -con paciencia contenida- ¿Cuánto tenemos para ir explicando cómo se siente?
-El resto de su vida, digo yo, o de la nuestra, o del que curiosea en la bitácora
-¡No!
-Joder...
-El tiempo que tenemos es el de una canción, el de su estribillo, para ser exactos. Si nos ponemos algo más profundos, igual tenemos el de un anuncio publicitario.
-¿Pero tú de dónde vienes?
-¿Y a tí qué te importa?
-Poco, nada más bien
-Pues eso
-¿Trece?
-¿Qué?
-¿Me escuchas cuando te hablo?
-Te hablo mientras te escucho
-¿Y ahora?
-Hablo conmigo y con Trece
-Manu grita
-Está vivo
-¿Gritas tú?
-¿A solas?
-¿O entre la gente?
-Sí, muchas veces... pero tiendo a aburrir
-Jajaja
-¿Qué?
-¿Te aburres de tí misma?
-¿Y tú no?
-Lo sabes
-Cordero degollado, te van a servir con patatas fritas y salsa de tomate
-No entiendo
-Pero, ¿a qué huele bien?

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PROFECÍA

"La escritura metódica me distrae de la presente condición de los hombres. La certidumbre de que todo está escrito nos anula y nos afantasma. Yo conozco distritos en que los jóvenes se prosternan ante los libros y besan con barbarie las páginas, pero no saben descifrar una sola letra (...)

Quizá me engañen la vejez y el temor, pero sospecho que la especie humana -la única- está por extinguirse y que la Biblioteca perdurará: iluminada, solitaria, infinita, perfectamente inmóvil, armada de volúmenes preciosos, inútil, incorruptible, secreta (...)

Yo me atrevo a insinuar esta solución del antiguo problema: La Biblioteca es ilimitada y periódica. Si un eterno viajero la atravesara en cualquier dirección, comprobaría al cabo de los siglos que los mismos volúmenes se repiten en el mismo desorden (que, repetido, sería un orden: el Orden). Mi soledad se alegra con esa elegante esperanza."


Jorge Luis Borges (Ficciones: La Biblioteca de Babel)