Fieles difuntos

"Las palabras soportan, muchas veces, las vergüenzas que las acciones desprecian. No puede ser. Infortunados los dedos que dejan que se diluyan en la savia de sus huesos. No puede ser. Los sentimientos ridiculizados en pastosos suspiros que hacen temblar.
No puede ser que no pueda contarte todas las fantasías sentidas, que no pueda dibujarte todos los sueños vividos. Que no pueda recordar todas las sonrisas que se filtraron en tus labios, que recogí en mis manos que guardé en mis párpados. Sólo porque al hacerlo se revolvería la Diosa Blanca porque no poseo la magia de los difuntos fantasmas.
Las palabras no explican cómo la cordura no cuenta cuando el espíritu avanza hacia los huecos que deja la sangre heredad de madre. Mis palabras soportan, muchas veces, las vergüenzas de mis acciones. No pidas entonces, si lo entiendes, que corone tus sufrimientos con mi saliva".

Recogió el cadáver de su hijo de la orilla. Empapado, atormentado en barro. Ridículamente teñido de morado, de negro, con aspecto de pasa diría yo, pero no su padre, claro. Caminó con él un rato, y luego cansado lo posó en el suelo, lo miró y se fue.
La madre llegó algo más tarde, vio todo lo que estaba sucediendo entre su hijo y su esposo, y sin preguntar mandó que lo recogieran y lo trasladaran para prepararlo para el funeral. Ya no había un gesto de angustia en su cara, podría decirse que era de rabioso enfado, pero no puedo asegurarlo.
Dos días después Lì, tenía preparado a Trolle para el paseo ritual. Cargaría orgulloso al joven hacia Justomedio y luego se perdería entre los Mágicos y el Oscuro.
Nada se atrevieron a preguntar los lugareños sobre la pulsera que llevaba puesta en el tobillo, aunque ganas no faltaron. Era negra como el azabache y sin embargo brillaba como un diamante roto en miles de cristalitos.
Tampoco comentaron sobre lo que habría podido suceder en el río. Algunos pensaban en el suicidio, otros no se atrevían a pensar. Rén, sin embargo, sin decirle nada al Gobernador, mandó a averiguar qué había sucedido. En esos días dejó de dormir la siesta.

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PROFECÍA

"La escritura metódica me distrae de la presente condición de los hombres. La certidumbre de que todo está escrito nos anula y nos afantasma. Yo conozco distritos en que los jóvenes se prosternan ante los libros y besan con barbarie las páginas, pero no saben descifrar una sola letra (...)

Quizá me engañen la vejez y el temor, pero sospecho que la especie humana -la única- está por extinguirse y que la Biblioteca perdurará: iluminada, solitaria, infinita, perfectamente inmóvil, armada de volúmenes preciosos, inútil, incorruptible, secreta (...)

Yo me atrevo a insinuar esta solución del antiguo problema: La Biblioteca es ilimitada y periódica. Si un eterno viajero la atravesara en cualquier dirección, comprobaría al cabo de los siglos que los mismos volúmenes se repiten en el mismo desorden (que, repetido, sería un orden: el Orden). Mi soledad se alegra con esa elegante esperanza."


Jorge Luis Borges (Ficciones: La Biblioteca de Babel)