Se alargan los alambres. Se hacen daño al enredarme.

Sé lo que estás pensando.
No hago más que quejarme.                                                                                                       ¿Y tú?
Sentado en un banco, sobre la hierba, enzarzando el tronco de un sauce.
¿No me invitas a sentirte?
Al lenguaje, lo asesinaría con mi rabia.
Quemaría las palabras como a brujas.
Se confirman los helechos cuando trepan
a los balcones de las águilas.
Hormigas voladoras.
Sangre.                                                                                                          QUE NADA ME CALME.
Por encima de los olores.
Por el encanto de los fantasmas.
Agua.
La sombra del extraño me evita.
Me relata molestos sucesos.
Voraces encuentros.
Flores.
Las lápidas guardan secretos.
No más intrigantes que los tuyos.
                       Menos importantes, sin embargo.
Son inútiles las verdades universales.
                              Sólo me importan las tuyas.
                                                    Las mías.
Mármol.
Negro fuego.
Pálida apariencia.
Ceniza para el que nunca encuentra nada.
Discurre la nieve sobre la nieve.
Bajo el calor frío
del papel vacío.
Silencio.


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PROFECÍA

"La escritura metódica me distrae de la presente condición de los hombres. La certidumbre de que todo está escrito nos anula y nos afantasma. Yo conozco distritos en que los jóvenes se prosternan ante los libros y besan con barbarie las páginas, pero no saben descifrar una sola letra (...)

Quizá me engañen la vejez y el temor, pero sospecho que la especie humana -la única- está por extinguirse y que la Biblioteca perdurará: iluminada, solitaria, infinita, perfectamente inmóvil, armada de volúmenes preciosos, inútil, incorruptible, secreta (...)

Yo me atrevo a insinuar esta solución del antiguo problema: La Biblioteca es ilimitada y periódica. Si un eterno viajero la atravesara en cualquier dirección, comprobaría al cabo de los siglos que los mismos volúmenes se repiten en el mismo desorden (que, repetido, sería un orden: el Orden). Mi soledad se alegra con esa elegante esperanza."


Jorge Luis Borges (Ficciones: La Biblioteca de Babel)