Cuántos milagros harían falta

para tu reencarnación.                                                                                                        Hecha mujer.
Botellas se vacían en el estanque,
sin oxígeno se liberan
los náufragos.
Bajo los párpados,
se oscurece mi visión,
y sin embargo, sonríes.
Hacía tiempo que no buscaba lo que ayer. Me había olvidado
de las cortesías que deja el espacio.
Hacía ya que no cerraba los ojos despierta.
Respirando el rocío a medianoche. Justo después del invierno.
Detrás de la melancolía.
Un momento. Dos. Todos los momentos.
Imaginé cristales tras los cristales.
Encuentros.
Sólo por eso. Únicamente por verte.
Ambicionan los seres, otros  seres.
Deseo.
Mi propio ser.
Cuentan cuentos las hormigas.
Sobre cigarras.
Golpes la tormenta en los tejados.
¿Quién se queja?
Corre el vecino a saludarme.
Tiembla tu voz.
Me oyes.
No quiero gritar.
Me aburren las canciones.
Entre hojas me envuelvo.
Me escondo de las montañas que hablan.
Silencio.
Cállate.
No me leas.

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PROFECÍA

"La escritura metódica me distrae de la presente condición de los hombres. La certidumbre de que todo está escrito nos anula y nos afantasma. Yo conozco distritos en que los jóvenes se prosternan ante los libros y besan con barbarie las páginas, pero no saben descifrar una sola letra (...)

Quizá me engañen la vejez y el temor, pero sospecho que la especie humana -la única- está por extinguirse y que la Biblioteca perdurará: iluminada, solitaria, infinita, perfectamente inmóvil, armada de volúmenes preciosos, inútil, incorruptible, secreta (...)

Yo me atrevo a insinuar esta solución del antiguo problema: La Biblioteca es ilimitada y periódica. Si un eterno viajero la atravesara en cualquier dirección, comprobaría al cabo de los siglos que los mismos volúmenes se repiten en el mismo desorden (que, repetido, sería un orden: el Orden). Mi soledad se alegra con esa elegante esperanza."


Jorge Luis Borges (Ficciones: La Biblioteca de Babel)