Porque asfixiadas las horas se revuelven

en la trágica ironía del segundo en desembarcar.
Llora la sietemesina sobre la silla de alquitrán.
Se diluye en las paredes de cristal.
Arrodillada,
dando golpes de escoba al aire.
Mirándola. Cerrando mis poros para no acompañarla.
Estoy cansada.                                                                                                                          Hace frío.
Está hermosa.                                                                                                                           Es.
Colorea sus pétalos con la clorofila,
de miles de cristalitos dormidos en la luz,
de miles de vidrios muertos bajo el sol.
Ni puedes acariciar la fugaz hoja del helecho,
ni dormir al dolor del fuego de la chimenea.
Acordonados están tus lápices
en la espesura del eclipse.
Perdidas tus angustias en las horas del desayuno. Se enfrían
tus quehaceres en los huecos del estómago del dragón.
Escupen para mí
las larvas del sueño.
Sola en mi almohada,
detrás del camisón.
Se mueren todos...
sin haber llegado a nacer.
Hoy dibujé a alguien mirándome, me descubría mi palidez, y entonces,
                                                                      lo borré.
El carbón arde entre mis dedos,
suda mi piel y nada se quema.
Estiro mis manos en la dirección del infinito,
pero mis pies no dejan de sentarse.
Se burlan de mí, el corazón,
el alma, el cerebro. Busca el lecho
y me dejan vivir sin sentir el asombro
definitivo del marfil.
Vete hasta que mi piel escriba todas las heridas.
No regreses, entonces.
Hasta que las olvide, no te quedes.

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PROFECÍA

"La escritura metódica me distrae de la presente condición de los hombres. La certidumbre de que todo está escrito nos anula y nos afantasma. Yo conozco distritos en que los jóvenes se prosternan ante los libros y besan con barbarie las páginas, pero no saben descifrar una sola letra (...)

Quizá me engañen la vejez y el temor, pero sospecho que la especie humana -la única- está por extinguirse y que la Biblioteca perdurará: iluminada, solitaria, infinita, perfectamente inmóvil, armada de volúmenes preciosos, inútil, incorruptible, secreta (...)

Yo me atrevo a insinuar esta solución del antiguo problema: La Biblioteca es ilimitada y periódica. Si un eterno viajero la atravesara en cualquier dirección, comprobaría al cabo de los siglos que los mismos volúmenes se repiten en el mismo desorden (que, repetido, sería un orden: el Orden). Mi soledad se alegra con esa elegante esperanza."


Jorge Luis Borges (Ficciones: La Biblioteca de Babel)