Se mueven los tobillos,

            saltan sobre las piedras,
                                         aplastan al musgo,
molestan al grillo.
Se construyen conjuros en las mudas cornisas de las fantasías
de las deformes orugas que nadan en los pantanos del sol.
No te mojes.
El agua está caliente,
abre los poros,
          los llena de cuchillas
                                  y, después, llena su lengua de barro
                     para sellar tu padecimiento.

Pasión. Emoción.
Emoción. Pasión.

Allí no llega la escarcha de LOS OJOS APAGADOS porque sólo sienten las plumas,
nada sabe el nido.
                       Son las cosquillas para ellas,
                                                  no resbalan al río,
                                                             no se quieren mojar.
Engordan suerte para los que no se enfadan cuando enfermen las palabras,
cuando la pasión les maldiga, y, se deshinchen los dientes
                                                                            para los que muerden las razones.

Mientras suplican fiebre
mientras su calor no les maree.

Se enfrentan las espumas al merecimiento de la barbaridad, enanos
se apechugan contra la caridad del que no cree,
del que cree en nada.

Atan redes las mujeres del puerto,
no esperan a que lleguen los hombres.

                                    Borrachos de coral
                                            se ahogarán
en los brazos de alguna estrella de mar.

Ráfagas de lluvia inundan bañeras de cristal, diamantes entierran
la venerabilidad de los pechos de la abertura.

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PROFECÍA

"La escritura metódica me distrae de la presente condición de los hombres. La certidumbre de que todo está escrito nos anula y nos afantasma. Yo conozco distritos en que los jóvenes se prosternan ante los libros y besan con barbarie las páginas, pero no saben descifrar una sola letra (...)

Quizá me engañen la vejez y el temor, pero sospecho que la especie humana -la única- está por extinguirse y que la Biblioteca perdurará: iluminada, solitaria, infinita, perfectamente inmóvil, armada de volúmenes preciosos, inútil, incorruptible, secreta (...)

Yo me atrevo a insinuar esta solución del antiguo problema: La Biblioteca es ilimitada y periódica. Si un eterno viajero la atravesara en cualquier dirección, comprobaría al cabo de los siglos que los mismos volúmenes se repiten en el mismo desorden (que, repetido, sería un orden: el Orden). Mi soledad se alegra con esa elegante esperanza."


Jorge Luis Borges (Ficciones: La Biblioteca de Babel)