Solía pensar que la vida era pequeña, pero no tanto, creía que las cosas que se podían controlar, debían ser gestionadas, y que las que no, vendrían. Merecedora o no del presente y del futuro que atormenta la ambigüedad de quien retoma los miedos que viajan en compañía de otros fantasmas menos molestos. Pero desde que Annette decidió que yo no tenía discurso, me quedé sin armas para continuar con ella. La deseaba, como se desea al peluche o a la mascota. Era suave y dulce, era bonita. Pero estaba tan vacía que repugnaba y lo peor, me avergonzaba. En las comidas con los compañeros de trabajo, en las cenas con mi hermano, en los cafés con las amigas. Todos parecían decirme ¿y para esto te has hecho lesbiana?
Bueno, intentaba responder, pues no es por el sexo... Y aún me comía más la cabeza. Madre mía, pero que me da. Y después de reconocerme que absolutamente nada, la eché de casa.

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PROFECÍA

"La escritura metódica me distrae de la presente condición de los hombres. La certidumbre de que todo está escrito nos anula y nos afantasma. Yo conozco distritos en que los jóvenes se prosternan ante los libros y besan con barbarie las páginas, pero no saben descifrar una sola letra (...)

Quizá me engañen la vejez y el temor, pero sospecho que la especie humana -la única- está por extinguirse y que la Biblioteca perdurará: iluminada, solitaria, infinita, perfectamente inmóvil, armada de volúmenes preciosos, inútil, incorruptible, secreta (...)

Yo me atrevo a insinuar esta solución del antiguo problema: La Biblioteca es ilimitada y periódica. Si un eterno viajero la atravesara en cualquier dirección, comprobaría al cabo de los siglos que los mismos volúmenes se repiten en el mismo desorden (que, repetido, sería un orden: el Orden). Mi soledad se alegra con esa elegante esperanza."


Jorge Luis Borges (Ficciones: La Biblioteca de Babel)