El obsequio

Unos veinte minutos después, sonó el teléfono: -Hay algo para ti en el fondo del armario. Antes, había recogido el bolso y dado un portazo. Había bajado las escaleras, desde el tercero al garaje. Cogido el móvil y revisado las llamadas perdidas. Sobre las once, al tiempo que metía las llaves, Daniela golpeaba la carrocería. La miraba con rabia y, seguía dando porrazos. Andrea no se amedrentara y había arrancado. Cuando estaba saliendo, pensó en algo y decidió volver. Su compañera, apoyada en la pared, respiraba con dificultad y tenía los ojos cerrados. Entonces, con las luces encendidas, caminó hacia ella. Aquella mujer abrió los ojos y vio que se le acercaba. Luego, escuchó un "a ti que te importaba; y se dejó golpear con la cruceta de las ruedas". Alguien corrió desde el ascensor. Gritó que parase y se abrazó a la moribunda. Andrea, horrorizada con todo aquello, se fue espiándolos desde el retrovisor. Junto al semáforo, la policía.

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PROFECÍA

"La escritura metódica me distrae de la presente condición de los hombres. La certidumbre de que todo está escrito nos anula y nos afantasma. Yo conozco distritos en que los jóvenes se prosternan ante los libros y besan con barbarie las páginas, pero no saben descifrar una sola letra (...)

Quizá me engañen la vejez y el temor, pero sospecho que la especie humana -la única- está por extinguirse y que la Biblioteca perdurará: iluminada, solitaria, infinita, perfectamente inmóvil, armada de volúmenes preciosos, inútil, incorruptible, secreta (...)

Yo me atrevo a insinuar esta solución del antiguo problema: La Biblioteca es ilimitada y periódica. Si un eterno viajero la atravesara en cualquier dirección, comprobaría al cabo de los siglos que los mismos volúmenes se repiten en el mismo desorden (que, repetido, sería un orden: el Orden). Mi soledad se alegra con esa elegante esperanza."


Jorge Luis Borges (Ficciones: La Biblioteca de Babel)