Coordenadas

Inánime, la piel de mi espíritu te mira, enferma cela sus anhelos, cela los tuyos y avergonzada en tu cama, sueña dolida que son ciegos tus ojos mudos que son muertos por el alma mía. Cuando quiero envolverte, en sueños me zambullo, en suspiros que sangran duelos de amatista para amelar en tus niñas. Y soy yo la que huyo cuando te dibujo invisible en celosías que embargan tus caricias. Untos que amargan rancios, la cecina de las cenizas del corazón. Umbrío embudo que lagrimeea licores y vinos, que suspira quimeras que se pierden en el oscuro hueco, oculto en plena luz y que se sueñan en fantasías de mágicas madreperlas. Bordados perpetuos, cursis duelos, adorables es su hipocresía, más humillantes son harapos, cuando caducos.


-Si pudiera acercarme un momento y,

Cuatro eran los iris que se retorcían en el espacio. Temblaban y reían, aventureros sentían platónico caos. Se acercaron los iris a retorcerse en el instante. Curioseaban y se escondían, temerosos sentían codicioso caos.

-hablarte sin temblar

Se alejaron los iris, desenroscarse querían. Lloraban y lucían, derrotados sentían agónico caos.

-¿Qué?
-Nada
-¿Nada?
-Hablaba sola

Érase una vez el Tiempo serrando el alma del Diablo, astillas iban cayendo, llenaban colchones de barro. Llora la edad arrugada, inválida y humillada. Lloro porque soy viejo y, me siento muerto. Lloras porque eres vieja y, estás muerta.
-¿Hasta dónde quieres que te acorte la falda?
-Aquí
-¡Un poco más mujer!
-Bueno
-¿Por aquí?
Gentil infancia, sonora adolescencia, insumisa cadencia que transpira albahaca, que respira sin mí. Cándida, la morada, que mi cariño sondea. Divinidad serena de piel adorada, que respira sin mí. Seltz glorificada que con sus ojos golpea, que son su pelo serpea, geliméricos rurrupatas que respiran sin mí.
-¿Cuándo regresa el rey?
-Mañana por la tarde, creo
-Vendrá delgadito como la última vez
-Bien, si viene vivo
-Sí, Señora
Ovillo de azabache en el que brillan las minúsculas y dulces lágrimas. Purpúreas lentes que su faz miman de cariños serpentinos en goloso hábitat. Paseos atroces de casquivanas vaselinas que aturden mis desiertos pensamientos en el sombrear del arrebolado día. Revoltijo de pasiones de ciego sueño, insolentes sensaciones de viejo adolescente.
-Ay
-Lo siento
Desarropado por tus ojos entre el gentío, desalentado por un corazón que no es mío. Lamentable sazón sumida en líbido imberbe, yertas púas que juegan con mi dermis inerte lacerando mi neurasténico bazo, habiendo hurtado la viveza del abrigo de los mimosos algodones, enemigos orines de esencias intangibles, despreciables espadas, invencibles hijas del invisible infierno helado que acezan entre tú y yo, a mi lado
-¡Dios!
-Lo siento
-No, no eres tú
lamiendo versos de sal y miel, son las lágrimas de tu piel. suenan tambores en el estómago, flujos agrios de muertes lentas que enfrían pasiones. Adolece cada músculo del sentimiento tras cortinas de tímida agnosia, carcinoma del instinto. Por que se abjuran por verborreas que afloran en pavesas endebles para perderse en segundos, en huecos del alba. Adonis en afroditas atrapados, autómatas adictos al bello y pérfido sexo sin el cual amantes se disipan inundando colchones, cementerios de impares razones.
-¿Está cansada?
-Un poco
-Ya termino
Abatí que a mojar el honor incita, lenguas de gato hambrientas. Moho del espíritu de Freud. Etnas nacidos en seres endebles. Heridos ante el cortejo del deseo.


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PROFECÍA

"La escritura metódica me distrae de la presente condición de los hombres. La certidumbre de que todo está escrito nos anula y nos afantasma. Yo conozco distritos en que los jóvenes se prosternan ante los libros y besan con barbarie las páginas, pero no saben descifrar una sola letra (...)

Quizá me engañen la vejez y el temor, pero sospecho que la especie humana -la única- está por extinguirse y que la Biblioteca perdurará: iluminada, solitaria, infinita, perfectamente inmóvil, armada de volúmenes preciosos, inútil, incorruptible, secreta (...)

Yo me atrevo a insinuar esta solución del antiguo problema: La Biblioteca es ilimitada y periódica. Si un eterno viajero la atravesara en cualquier dirección, comprobaría al cabo de los siglos que los mismos volúmenes se repiten en el mismo desorden (que, repetido, sería un orden: el Orden). Mi soledad se alegra con esa elegante esperanza."


Jorge Luis Borges (Ficciones: La Biblioteca de Babel)