Dulzaina

Quisiera ser humo,
escapar de mí.
Recorrer tus entrañas
y llegar a tu alma.
Y pasear por tus rincones,
y entrar en tu cama.
Y dormir en tus sueños,
y padecer en tu almohada.

Cual vaho de mi boca,
el alma se fugue
de éste, su cuarto -ola
invisible que huye
a recluir su victoria-,
para intruso inflar
allá en tus entrañas
narcóticas lilas
y cruzar lo que sea
que me lleve a tu alma.

Y allí, cortesana:
-Bañarme en tu lengua
y mientras tú dormías,
en tus ojos, soñar.

(Engurrio inválido,
tormenta de espíritu
frenético, mi hálito.)

Las dísonas penas
velan al heraldo,
reposan enfermas,
roban el candado...
y cruzan lo que sea
que les lleven a tu alma.

Para allí, ladronas:
-Bañarse en tu lengua,
y mientras tú dormías,
en tus ojos llorar.


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PROFECÍA

"La escritura metódica me distrae de la presente condición de los hombres. La certidumbre de que todo está escrito nos anula y nos afantasma. Yo conozco distritos en que los jóvenes se prosternan ante los libros y besan con barbarie las páginas, pero no saben descifrar una sola letra (...)

Quizá me engañen la vejez y el temor, pero sospecho que la especie humana -la única- está por extinguirse y que la Biblioteca perdurará: iluminada, solitaria, infinita, perfectamente inmóvil, armada de volúmenes preciosos, inútil, incorruptible, secreta (...)

Yo me atrevo a insinuar esta solución del antiguo problema: La Biblioteca es ilimitada y periódica. Si un eterno viajero la atravesara en cualquier dirección, comprobaría al cabo de los siglos que los mismos volúmenes se repiten en el mismo desorden (que, repetido, sería un orden: el Orden). Mi soledad se alegra con esa elegante esperanza."


Jorge Luis Borges (Ficciones: La Biblioteca de Babel)