Son eternas las cosas,

más que una vida.

Sus cosas.
Las mías.

Pensamientos a medio crear.
Vino sobre la mesa,
                                agua.

¿No te aburres a mi lado?
Gritan fuera -niñas que murmuran...

Se encuentran las palabras,
se escapan, sin preguntar.

Lamen los cachorros, la carne
                                   que se guarda de no morir de momento.

Las madreselvas se evaporan.
Ungüentos de incienso visten nuestros sabores.
                                                 Se filtra benjuí en nuestra razón. 

                               Y mientras tanto,
dispongo en orden mis sensaciones.

Sirviendo café mojado en leche.
Sorprendida hablando sola.
Mirándome el ombligo.
Discutiendo con mi espejo.

Ahora entiendo,
aquello que para mí, no quiero.

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PROFECÍA

"La escritura metódica me distrae de la presente condición de los hombres. La certidumbre de que todo está escrito nos anula y nos afantasma. Yo conozco distritos en que los jóvenes se prosternan ante los libros y besan con barbarie las páginas, pero no saben descifrar una sola letra (...)

Quizá me engañen la vejez y el temor, pero sospecho que la especie humana -la única- está por extinguirse y que la Biblioteca perdurará: iluminada, solitaria, infinita, perfectamente inmóvil, armada de volúmenes preciosos, inútil, incorruptible, secreta (...)

Yo me atrevo a insinuar esta solución del antiguo problema: La Biblioteca es ilimitada y periódica. Si un eterno viajero la atravesara en cualquier dirección, comprobaría al cabo de los siglos que los mismos volúmenes se repiten en el mismo desorden (que, repetido, sería un orden: el Orden). Mi soledad se alegra con esa elegante esperanza."


Jorge Luis Borges (Ficciones: La Biblioteca de Babel)