Calor por delante y por detrás, en mi sombra y en la del tendero que se empeña en darme algo que le pido, pero
-Ese no, el azul
-Y, ¡qué más te da!
-¡Y dale!

Joder, murmura mientras baja hacia el sótano donde tiene el almacén. Le cuesta bajar los escalones, uno a uno, despacito, apoyado en la silueta del pasamanos y en la humedad de la pared.

-Mierda
No se ve, se intuye. Estanterías y suelo abarrotados de todo y del todo hecho basura. Amargo me aclaró que el azul es el preferido de la reina. No sé cómo puede saberlo y no me he atrevido a preguntárselo. Tal vez, más adelante, consiga. No qué va, por él no. 

-¿Este?
-No, no
-¡Joder niña, baja y búscalo tú!

Le miré como pidiendo permiso, podría... ¿podría buscarlo yo?

-¡No hay quien encuentre nada ahí abajo!

Por favor, deje que lo intente...

-Baja, pero cierro a la hora. 

No quisiera quedarme por la mierda de un paño horrorosamente azul. No se preocupe, si no lo encuentro, me rendiré pronto. 

Como el comerciante, no me siento segura en esta escalera. El frío huele. No te despistes. Las ratas no tienen ganas de ayudarme, sólo es un segundo.

-Vaya, ¡y tiene que ser ahora!
-No quisiera volver a molestarle
-¿Al idiota? A ese le molesta cambiar el paso para doblar la esquina...

Parece que se lo vendió cuando Virginia pidió que renovaran la tapicería de Trolle

-Ya sé, ya sé -sorprendido-. Curioso...
-¿El qué?
-Mi mujer se empeñó en guardar un trozo cuando lo vio. 

Recuerdo que se pasó un par de días gritándome que cogiera al menos tres metros del tejido y que se lo diese. Le pregunté : -¿Para qué demonios lo quieres? Y respondió, yo no lo quiero, te va a hacer falta a ti.

-Y ya ves, no me hizo falta para nada
-¿Y dónde está?

 Pues no sé, supongo que en el arcón. Y tu mujer no puede decirnos., eres tonta, mi mujer falleció. Ay, lo siento...

-¡Acabaste, me quiero ir!
-Por favor...

Vete, rebuscaré un poco, y si doy con él, llamaré al lobo

-Pero, que sea pronto, lo necesito

El calor no baja y Marguerite hoy no tiene ganas, ni por placer, ni por oficio.

-Sólo un ratito
-Hoy no tengo tiempo, debo recoger las cortinas para colocarlas, que un días de estos me va a ver el señor Obispo

No creo que fuese la primera vez.

-Anda
-Que no

 Te prometo contarte lo que me pidas. Pero anda, acógeme.

-Mierda chico, es que no te puedes aguantar

Tal vez, pero y si no lo hago, otra mierda a medias con tu madre y me va a entrar un sarpullido. ¿Le has visto? ¿A quién? Al gobernador. Parecía que iba a saludarnos y sin embargo, no nos habrá visto, ¿qué raro?

-Treinta
-Pero, ¿me vas a cobrar?
-No me apetece, ¿no es así?

¿De verdad que no te apetece un poquito? Acércate boba, aquí junto a la silla. Vente tú. Vaya sacudida, pero no me habías dicho... Boba, serás boba. Creo, creo, -¡dios!-, creo que voy a ser yo quien te va a cobrar.

PROFECÍA

"La escritura metódica me distrae de la presente condición de los hombres. La certidumbre de que todo está escrito nos anula y nos afantasma. Yo conozco distritos en que los jóvenes se prosternan ante los libros y besan con barbarie las páginas, pero no saben descifrar una sola letra (...)

Quizá me engañen la vejez y el temor, pero sospecho que la especie humana -la única- está por extinguirse y que la Biblioteca perdurará: iluminada, solitaria, infinita, perfectamente inmóvil, armada de volúmenes preciosos, inútil, incorruptible, secreta (...)

Yo me atrevo a insinuar esta solución del antiguo problema: La Biblioteca es ilimitada y periódica. Si un eterno viajero la atravesara en cualquier dirección, comprobaría al cabo de los siglos que los mismos volúmenes se repiten en el mismo desorden (que, repetido, sería un orden: el Orden). Mi soledad se alegra con esa elegante esperanza."


Jorge Luis Borges (Ficciones: La Biblioteca de Babel)