Working

El cansancio me llega al cerebro. Diría que incluso me duele la piel, y no tengo ninguna herida ni golpe, sólo es eso, cansancio. La reina no espera de mí menos, y yo que pensé que no me costaría, debo practicar mi imaginación. Si aún se conformara con amarnos. ¡Quién me iba a decir a mí que ejercería de maestra! ¡Y de semejante alumna!
-Niña, ¿recogiste?
-Ya...
-El gobernador quiere...
-¡Joder!
-¡Estúpida, apresúrate!
-(Maldita zorra, si tú supieras...)
Esta tarde hace bueno, sobran las botas de goma, incluso bajaría al río si no fuera que todavía me da mal fario. -A su majestad le gustan las cosquillas. Vaya, así que le gusta que la acaricien. Y de todos modos el agua aún estará fría. -Podríamos probar lo que usted quiera. Seguro que la terraza del embarcadero está repleta. Cómo me apetece un zumo de kiwi con naranja con mucho hielo...
-¡Pobre maricón! -susurrando
-¿Qué andas a murmurar? ¡Va a llegar y tú todavía así!
-(¡Vete a la mierda!)
El caballero llama sin pudor. Responde la señora, sonríe muy a su pesar.
Marguerite! -chilla
Se acerca al viejo con la altanería de quien se cree alguien.
-Marguerite
-Franco
Caminan hacia el cuarto. Ella, aburrida. Él, humillado.

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PROFECÍA

"La escritura metódica me distrae de la presente condición de los hombres. La certidumbre de que todo está escrito nos anula y nos afantasma. Yo conozco distritos en que los jóvenes se prosternan ante los libros y besan con barbarie las páginas, pero no saben descifrar una sola letra (...)

Quizá me engañen la vejez y el temor, pero sospecho que la especie humana -la única- está por extinguirse y que la Biblioteca perdurará: iluminada, solitaria, infinita, perfectamente inmóvil, armada de volúmenes preciosos, inútil, incorruptible, secreta (...)

Yo me atrevo a insinuar esta solución del antiguo problema: La Biblioteca es ilimitada y periódica. Si un eterno viajero la atravesara en cualquier dirección, comprobaría al cabo de los siglos que los mismos volúmenes se repiten en el mismo desorden (que, repetido, sería un orden: el Orden). Mi soledad se alegra con esa elegante esperanza."


Jorge Luis Borges (Ficciones: La Biblioteca de Babel)