Abrazos son pesadillas

-¿Majestad?
-Te he dicho que no te dirijas a mí así
-¿Te apetece un dulce?
-No estaría mal
-¿Fruta confitada con helado?
-Jaja, sí está bien

Casi no puedo mirarte. Pavesas, que aboban las ya ofuscadas mentes de muchacho. ¡Ay! Tú, baluarte que impides que este bandido te cante cursis pasiones. Abjuras, armado contra mí de ternuras, para tastar mi fofo corazón. ¡Ay! Tú, bacante que abofeteas con jaleas maridajes entre tú y yo. Balbuceos, badajadas de niño, tímidas aberraciones de hechicero que ahuyentan dulcineas.
-No está mal
Cabizbajo imploro: ¡Ay! ¡Qué adore mis paseos a su lado -en la sombra-, mis suspiros, dalias de alondra, que susurran cálidos vientos, ácidos pensamientos, pétalos que amamantan almohadones señeros!
-Es curioso
-¿El qué?
-Este lugar, es como un hogar para visitantes
-Mi señor
-Paul
Mi corazón siente tu mano en mi pantalón, tus labios en mi mejilla, tu carne en mi destino... Y tus lágrimas, ellas en mi mente. Todo tú se ahoga en mi alma que se desgarra en el mar Miedo, en el miedo del día tras la noche, de la pesadilla tras el dulce sentimiento.
Esta tarde que nos cubre, cuando nosotros no queremos ver. Más allá, amigo mío, ¿no te das cuenta?, ya no, no es tan misteriosa. ¡Ay! El miedo, mi miedo.
-Abrázame, amigo mío
aprieta los puños, esconde el alma. ¡Mírame! ¿Qué es lo que hacemos? Duerme en mi hombro, sueña en mis manos... Detente en mis silencios -habita en mí-, vuela conmigo, y DESCANSA.
-Rén
-Sí
-Soñabas
-No entiendo
-Me has hecho daño, me agarraste
-Lo siento
-No importa, duerme
-¿Te levantas?
-Voy a ver al niño
Abominables erucciones, fetos errantes en dormitorios de papel, que engullen ácidos en gargantas de infantiles las conciencias, dedos de ancianas carnes, podridas labandas que supuran las paredes, label de locura que embruja palabras, ecos sordos que apabullan, infierno dorado que el aliento amenaza.
-Señora
-Ya sé, ya sé, sólo quiero ver al Príncipe
-Duerme
-Eso espero -enfadada
¡No mimeis mi ira! No la deseé para soñar despierta -¡Ay! ¡Piel rosada!- su cuerpo dormido, que sólo poseo cuando amante entre grotescas caricias, loca de rabia, envuelta en la red que ella tejió -¡Lloro su impiedad!
-Mi niño
-Shú, lo vas a despertar
-No, solo lo acuno un poco -rabiosa pero contenida
Ilota de vil nereida, que lamenta inconstantes de las entrañas, señales. Proféticas voces inciertas, exánimes en espuertas, tamices sin fondo, atajos de donjuanes, ambiguos argotismos, de silos galanteos. Gélidos conatos como gangas en mercados, trapacerías de buhoneras.
Ayer sutil, hoy trasto de anís, traficantes nadando en el páramo, tranquinto de bagatelas.
-Deberíamos tener un hermanito -sonriendo al pequeño
-Sería estupendo, señora
-Bueno, creo que debo volver al cuarto
-Ya me encargo
-Estoy cansada, y tú también
Abrazas su cuello infinito, le robas sus olores. En su piel dibujadas flores. Miles de esencias que acaricio en mi rostro. Almibar amargo gatea mis insolentes sueños, en donde imagino que un hado siente como yo te deseo.
-(Dios, ¡qué ganas de llorar!)
Rozan en mis labios las violetas, me embriagaron las margaritas, las rosas, las lilas, ruborizadas amapolas, las orondas hortensias, las azucenas...
Te pierdes entre mis dedos. Subitáneas sedas que cosquillean las temblorosas pieles, miedos que a los romeos desesperan. Contigo, invisible camisón del vacuo lecho carnal. Conmigo, amargo dogal de poliester y algodón.

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PROFECÍA

"La escritura metódica me distrae de la presente condición de los hombres. La certidumbre de que todo está escrito nos anula y nos afantasma. Yo conozco distritos en que los jóvenes se prosternan ante los libros y besan con barbarie las páginas, pero no saben descifrar una sola letra (...)

Quizá me engañen la vejez y el temor, pero sospecho que la especie humana -la única- está por extinguirse y que la Biblioteca perdurará: iluminada, solitaria, infinita, perfectamente inmóvil, armada de volúmenes preciosos, inútil, incorruptible, secreta (...)

Yo me atrevo a insinuar esta solución del antiguo problema: La Biblioteca es ilimitada y periódica. Si un eterno viajero la atravesara en cualquier dirección, comprobaría al cabo de los siglos que los mismos volúmenes se repiten en el mismo desorden (que, repetido, sería un orden: el Orden). Mi soledad se alegra con esa elegante esperanza."


Jorge Luis Borges (Ficciones: La Biblioteca de Babel)