Zumo de naranja

-Majestad, ¿se encuentra mejor?
-Necesito beber algo, tengo la boca seca
-¿Le traigo un zumo?
-Estaría bien
-¿Cómo está el príncipe?
-Bien, muy recuperado
-Tráemelo
-Están bañándolo
-¡Pues cuando terminen!
-Su zumo
-Tráeme otra copa
-¿Suficientemente dulce?
-Está bien sí, pero sigo teniendo sed

Distraída la pasión de inventar sentimientos, se me hacen pequeños los días ¿Qué ocurriría si un día tratase de robárselos al amanecer de los que aún está despiertos? Tal vez, agotadas las reflexiones, no sienta deseos de faltar a la intimidad. Sin embargo, quien no llora de vez en cuando para beber su propia saliva, no intenta derretir el azúcar de una palabra encantada.
-¡Mi marido es un estúpido!
-Señora
-Ni siquiera se ha molestado en disimular
-(...)
-¡Le aborrezco, más que él a mí!
-(Se ha levantado con humor)
-Al menos
-Sí, en cuanto ha llegado, ha ido a ver al chiquillo
-(¡Vete a la mierda!)
Dulce y amargo se pasea el tiempo por tu piel. Se enreda en tu sonrisa, se encoge en tu espalda. Duele, duele la miel que se desprende de tu mirada. Se hace interminable el pasado, demasiado pronto llega la mañana. Agárrame ahora. (Mientras estoy vomitando). Cúbreme de presente. La realidad me ahoga sin un poco de inercia, sin una exhalación de vacío. Dulce y amargo el tiempo que se deja escapar.
-Shú
-Dime
-¿Vas a levantarte hoy?
-Tal vez
-Creo que deberías
-¡Y tú deberías amarme!
Amor, dónde mi corazón, no te escondas a mi presencia, que desespero en tu ausencia y desfallezco de dolor. Amor, dónde estás mi cariño, dame tu mano y a mi lado, háblame, cántame al oído, malgastando mimosos fados. Amor, dónde está mi pasión, coronaste mis cursis sueños con sonrisas, luces del cielo, para mí, malogrado ladrón. Amor, dónde estás mi dulzura, bésame con tu locura, despierta ya de tu cruel cuna. Amor, dónde está mi vida, la vendí un día. Que para tí, para siempre fuesen, ansí, las monedas de mi herida.
-Mara
-Sí
-¿Tienes frío?
-Un poco
-¿Quieres que te arrope?
-Claro
-Cada vez amanece más pronto
-Nos lo parece
-Abrázame
-Dame un beso
Abrazas su cuello infinito, le robaste sus olores. En su piel dibujadas flores, miles de esencias que acaricio. En mi rostro, almibar amargo gatea mis insolentes sueños, en donde imagino que un hado, siente como yo te deseo. Y perdona mi atrevimiento. Rocé en mis labios las violetas, me embriagaron las margaritas, las rosas, las lilas, ruborizadas amapolas, las orondas hortensias, las azucenas... Te perdiste entre mis dedos, subitáneas sedas que cosquillean las temblorosas pieles, miedos que a los romeos desesperan. Contigo, invisible camisón del vacuo lecho carnal. Conmigo, amargo dogal de poliester y algodón.
-¿Cuándo regresarás?
-No sé, en unos días -sorprendido por la pregunta- Pero tú estarás ocupada, ¿no?
-Siempre lo estoy
-(Si lo dejaras por mí)
-(Si me lo pidieras, mi hermoso Paio)
Tenía el aire frío, tus caricias me halagabn; tenía la tierra miedo de aquél que me alentaba. Me abrasaba su aroma, añorar el tuyo, me ahogaba; me perdía helada, dolía callada. Él, conmigo, tú sin mí, yo, contigo. Estabas conmigo, aunque te padeciese; estaba contigo, aunque no me percibieses. Tenía el cielo sueño, reposar yo no podía; tenía el agua, hielo de aquel que me temía. Él, conmigo, tú sin mí, yo, contigo.
-Cariño, ¿qué haces durmiendo en el salón?
-¿Qué hora es?
-Las seis de la mañana
-Aún llegas a esta hora
-He ido a dar un paseo, lo necesitaba
-(Y yo a tí)
-Zhong
-¿Qué?
-(Quiéreme como lo hiciste) ¿Desayunamos?
-Me ducho y voy
Tengo una muñeca que me mira, que no puedo ver la gema de su niña, no sonreiré con los párpados de sus guiños, ni aletearán sus pestañas, ante la presencia de los chicos. Acaricio su alimonado cabello, susurrando a invisibles oídos que no me estarán escuchando. Beso un rastro que no me podrá querer, siento propias, las entrañas de ese ser. Son sus manos, puños sin abrir, que rozarán el hueco del inservible perfil. Son zapatos, sus negros pies, no hay cuerpo en su piel. Tengo una mujer con verde el vestido, ellos dirán: -¡Pobre!¡Pobre niña! Yo rezaré para que no ocurra el milagro, yo amaré: -¡Qué esto que siento, no se vaya de mi lado!
-Lí, ¿no tienes mejores cosas que hacer?
-Tu madre ha recortado la producción, y habla de aumentar el precio
-Mi madre quiere una buena jubilación-se ríe
-¿Tienes novedades del bobo?
-¿De quién? ¿Del hijo del gobernador?
-Aunque las tuviera no te las contaría
-Eres una soberbia (pero me diviertes)
-(Y, ¿por qué te parezco divertida?) Soy lo que soy, y sé lo que todo el mundo desconfía
-¿Qué? ¡Qué soy hijo de la hiena!
-Eso también
-Mi madre deseaba a ese muchacho, pero él no la correspondía. Es curioso, como nos pasa a nosotros dos.
-Ah, ¿sí?
-Deberías irte
La soledad, el pantano. Su agua, espíritu sereno. Su alma, fango. ¡Anhelo de nenúfares! Yo, mi soledad. Tú, tú. Yo. Nadie. Tú, mi soledad. ¡Anhelo de nenúfares! Ya no quedan en el lago ranas, ya no hay pozo sin lodo, ya no cosquillean mis entrañas.
Burlón, no soportas una verdad en tu lengua. Temeroso te escondes.
Morder su alma, antes de acariciar su cuerpo.

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PROFECÍA

"La escritura metódica me distrae de la presente condición de los hombres. La certidumbre de que todo está escrito nos anula y nos afantasma. Yo conozco distritos en que los jóvenes se prosternan ante los libros y besan con barbarie las páginas, pero no saben descifrar una sola letra (...)

Quizá me engañen la vejez y el temor, pero sospecho que la especie humana -la única- está por extinguirse y que la Biblioteca perdurará: iluminada, solitaria, infinita, perfectamente inmóvil, armada de volúmenes preciosos, inútil, incorruptible, secreta (...)

Yo me atrevo a insinuar esta solución del antiguo problema: La Biblioteca es ilimitada y periódica. Si un eterno viajero la atravesara en cualquier dirección, comprobaría al cabo de los siglos que los mismos volúmenes se repiten en el mismo desorden (que, repetido, sería un orden: el Orden). Mi soledad se alegra con esa elegante esperanza."


Jorge Luis Borges (Ficciones: La Biblioteca de Babel)