Heroína

Se me ocurre que si me gusta tanto es porque si te miro no siento nada, en realidad ni me siento a mí misma. Atrás quedan las ganas de tocar tus pechos y disfrutar de tus besos, de llegar más allá de tus sentimientos, de reconocerme en una gota de aceite.

Mientras el resto del mundo atraviesa caminos estúpidos hacia, no sé, por ejemplo la muerte irremediable. En el mismo barrio en que llovieron purpúreas sonrisas entre amantes, allí donde tú y yo nunca compartimos secretas vergüenzas que se susurran al oído. En el lugar donde el cielo no se deja amanecer, allí donde nunca nos encontramos. T
ú, de la mano de una musa aburrida de escucharme; yo, acompañando a la ciudad en sus duermevelas hasta donde sé, los enjambres nunca se enredan en sus leyes; te me perdiste.
Entonces, ¿Por qué me siento así? Por qué al avanzar retroceden las imágenes para volverse a repetir para asfixiarme con una coherencia que desprecio.
Evitar la tierra húmeda, el agua salada, la piel de cupido, el aire seco.
Enaltecer ideales descubiertos en las viñetas que enrojecen a la piedad.

Gritar por el pueblo que se adormece entre mis uñas. Cantar al agua clara, a la nochetierna.
Y dormir al alma.
¿Es que no hay muchacha, misterio en tus anillos?
¿Es que no puedo decir nada nuevo?
Es que no puedo convencerte de que las cosas que no llegas a desear, no basta con creer en ellas.
Me duele sentir tu miedo. El mío. No puedo consolarte. Como tampoco puedes hacerlo tú. Dos tristes tigres se me durmieron junto al hombro: El uno cazaba mariposas, el otro lamía los petalos de las violetas. Se confunden sus hambres. Detrás de tu paciencia, el corazón. Avefría qué tienes escondido. Dónde. A las mujeres las allanan los lamentos. Tropiezan las serpientes con mis pies. No me cubren los sueños la impaciencia de anudar tus pasiones a las mías. No te disculpes por sentir, que yo tampoco lo hago.

-Mi reina, el príncipe parece tener algo de fiebre.
-¿Lo ha visto Lí?
-Creí que debía consultarlo.
-Pues ya está consultado-enojada- Llamad a los sacerdotes. Oís, oís todos, que llamen a esos ladrones de la salud para que se la devuelvan a mi hijo.
-Reina...
-Márchate, te lo pido. No te lo pido, te lo ordeno...
-¿Necesitaríais algo?
-Nada.

Salvo que me traigais más de esta pócima u otra que convierta su indiferencia en otra cosa, me conformo con poco. Un poco de tiempo atrás para explicarme, para que entendiese que no hacía falta, que no era obligado. Que mis amenazas no iban en serio.

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PROFECÍA

"La escritura metódica me distrae de la presente condición de los hombres. La certidumbre de que todo está escrito nos anula y nos afantasma. Yo conozco distritos en que los jóvenes se prosternan ante los libros y besan con barbarie las páginas, pero no saben descifrar una sola letra (...)

Quizá me engañen la vejez y el temor, pero sospecho que la especie humana -la única- está por extinguirse y que la Biblioteca perdurará: iluminada, solitaria, infinita, perfectamente inmóvil, armada de volúmenes preciosos, inútil, incorruptible, secreta (...)

Yo me atrevo a insinuar esta solución del antiguo problema: La Biblioteca es ilimitada y periódica. Si un eterno viajero la atravesara en cualquier dirección, comprobaría al cabo de los siglos que los mismos volúmenes se repiten en el mismo desorden (que, repetido, sería un orden: el Orden). Mi soledad se alegra con esa elegante esperanza."


Jorge Luis Borges (Ficciones: La Biblioteca de Babel)