(Cuando niña)

Mi corazón siente tu mano en mi vestido,
tus labios en mi mejilla, tu carne en mi destino.

Y tus lágrimas, ellas en mi mente.

Todo tú se ahoga en el mar inmenso,
en el miedo del día tras la noche,
de la pesadilla tras el dulce sentimiento.

Esta tarde que nos cubre,
cuando nosotros no queremos ver.
Más allá, amigo, mío,
¿no te das cuenta?, ya no,
no es tan misteriosa.

¡Ay! El miedo, mi miedo.

Abrázame, amigo mío,
aprieta los puños entre los dedos,
esconde el alma propia.

¡Mírame!

¿Qué es lo que hacemos?
Duerme en mi hombro,
sueña en mis manos.

Detente en mis silencios
-habita en mí-,
vuela conmigo, y

DESCANSA.

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PROFECÍA

"La escritura metódica me distrae de la presente condición de los hombres. La certidumbre de que todo está escrito nos anula y nos afantasma. Yo conozco distritos en que los jóvenes se prosternan ante los libros y besan con barbarie las páginas, pero no saben descifrar una sola letra (...)

Quizá me engañen la vejez y el temor, pero sospecho que la especie humana -la única- está por extinguirse y que la Biblioteca perdurará: iluminada, solitaria, infinita, perfectamente inmóvil, armada de volúmenes preciosos, inútil, incorruptible, secreta (...)

Yo me atrevo a insinuar esta solución del antiguo problema: La Biblioteca es ilimitada y periódica. Si un eterno viajero la atravesara en cualquier dirección, comprobaría al cabo de los siglos que los mismos volúmenes se repiten en el mismo desorden (que, repetido, sería un orden: el Orden). Mi soledad se alegra con esa elegante esperanza."


Jorge Luis Borges (Ficciones: La Biblioteca de Babel)