Mirarte.

Descoser cada uno de is órganos.
Abrirme.
Regresar la mirada.
                  Devolver secretos.
Cubrirme.
Y mirarte de nuevo,
pero esta vez
desde dentro
y para mi interior.
Sortear los enjambres, para no pertenecer. Para perder identidad.
Ganar lo que está detrás. Más allá. Mucho más lejos.
O perder todo.
Sentarse en los escalones que sacrifican acciones, que derriten intenciones. Salvaguardarse de la perezosa pobreza de tesoros inventados para mejor llevarse a mí misma.
Todo. Por todo.
O por nada. Que es lo mismo.
Dejarse inundar de algodones reales o imaginarios.
Sentirse dormida, soñada
y amor al fin sin alba. Amor. Amor invisible.

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PROFECÍA

"La escritura metódica me distrae de la presente condición de los hombres. La certidumbre de que todo está escrito nos anula y nos afantasma. Yo conozco distritos en que los jóvenes se prosternan ante los libros y besan con barbarie las páginas, pero no saben descifrar una sola letra (...)

Quizá me engañen la vejez y el temor, pero sospecho que la especie humana -la única- está por extinguirse y que la Biblioteca perdurará: iluminada, solitaria, infinita, perfectamente inmóvil, armada de volúmenes preciosos, inútil, incorruptible, secreta (...)

Yo me atrevo a insinuar esta solución del antiguo problema: La Biblioteca es ilimitada y periódica. Si un eterno viajero la atravesara en cualquier dirección, comprobaría al cabo de los siglos que los mismos volúmenes se repiten en el mismo desorden (que, repetido, sería un orden: el Orden). Mi soledad se alegra con esa elegante esperanza."


Jorge Luis Borges (Ficciones: La Biblioteca de Babel)