En la existencia

Cuando entró le estaba quitando el agua a la orquídea. Apenas le prestó atención, hasta que le preguntó si le apetecía tomarse un Cardenal Mendoza. Asintió y le sugirió que saliesen a la terraza, un ático en la planta octava de un edificio antiguo que, como todos los de la época, le daba la espalda al mar. A pesar de estar en el mes de julio fuera hacía un poco de frío, así que el brandy templó ambos cuerpos. Se sentó apoyada en la ventana, respirando la sal del océano, mirando un cielo oscuro despejado de estrellas. Escuchó como él meditaba sobre la separación de ambos, preocupado subrayó por los niños. Y entonces, sorprendida se sintió bien, se imaginó allí sentada y le sonrió. Luego se acercó a la mesita, sirvió de nuevo el jerez en las copas y le invitó a brindar. Por nosotros, le susurró.

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PROFECÍA

"La escritura metódica me distrae de la presente condición de los hombres. La certidumbre de que todo está escrito nos anula y nos afantasma. Yo conozco distritos en que los jóvenes se prosternan ante los libros y besan con barbarie las páginas, pero no saben descifrar una sola letra (...)

Quizá me engañen la vejez y el temor, pero sospecho que la especie humana -la única- está por extinguirse y que la Biblioteca perdurará: iluminada, solitaria, infinita, perfectamente inmóvil, armada de volúmenes preciosos, inútil, incorruptible, secreta (...)

Yo me atrevo a insinuar esta solución del antiguo problema: La Biblioteca es ilimitada y periódica. Si un eterno viajero la atravesara en cualquier dirección, comprobaría al cabo de los siglos que los mismos volúmenes se repiten en el mismo desorden (que, repetido, sería un orden: el Orden). Mi soledad se alegra con esa elegante esperanza."


Jorge Luis Borges (Ficciones: La Biblioteca de Babel)