Barro

-Hace unos cuatro años, durante un año que comenzó y finalizó un seis de diciembre, todas las noches las pasaba angustiado soñando con mi padre.
-¿Tu padre?
-Lo sé
-Pero, ¿sabes quién es?
-No
-¿Entonces?
-Imaginaba su cadáver. La primera vez sentí el frío, la rigidez y el amarilleo de la piel. En las siguientes fue cambiando a verde, aparecieron los gases, y sintiendo un dolor horrible, se fue desprendiendo cada uno de los órganos de su forma original hasta formar una especie de bechamel asquerosa.
-¿De qué me hablas?
-Despertaba vomitando y temía volver a acostarme.
-¿Durante un año?
-La noche del cuatro fue más apacible. Los huesos, las piezas dentales doradas,... ya no me resultaban obscenos. Incluso, me vi acunando al esqueleto.
-¿Acunando?
-Increíblemente no se deshacía, al menos en mis sueños...
-¿Y pararon las pesadillas?
-¿Las pesadillas? -sorprendido- En realidad pasé del sueño a la realidad.
-¿Cómo?
-Un seis de diciembre de hace tres años, junto al río, apareció algo. Lo encontró un hombre que después de una tarde de pesca, regresaba por el camino que lleva al embarcadero. Según comentó, un lobo se le acercó tanto, que se asustó y, al hacerlo, cayó sobre ello.
-Algo escuché, ¿pero qué tiene que ver?
-Cuando desperté ese día, sentí el olor del pelo mojado de un animal, como si hubiese estado en mi cuarto. Incluso, se me vino a la mente que había hablado conmigo, pero fui incapaz de recordar.

reconoció a Frey.

-El día había amanecido fantástico, pero poco después del hallazgo -según calculé más tarde-, comenzó a empeorar.
-Pero, ¿y tú?
-Yo escuché gritar a las mujeres, como con el hijo del gobernador y, entonces, sentí la necesidad de echar a correr.
-Hacia el río
-Cuando llegué, el impulso fue más fuerte, caí a su lado e intenté abrazarlo. Los huesos se fueron partiendo sobre mi pecho...

-Ya
-Finalmente, creyeron que yo había tenido algo que ver con aquello. No podía explicarme, no podía contar algo así.
-¿Y?
-Me juzgaron por asesinato y... por monstruo...

Durante mucho tiempo he pensado en los que creen que cuando los otros mueren -los que dicen sus seres queridos-, nada queda allí, sólo huesos, cenizas. Hablan de sentirse acompañados por un espírito que la mayoría no ven, que algunos sienten y, los menos -por desgracia para ellos-, imaginan. No sé, muchas veces le doy vueltas a que cuando te miro, no veo tu espíritu, veo tu cuerpo. Desde tus cabellos hasta las uñas de los pies, pasando por tus rodillas... Cuando tu cuerpo enferma - y esto incluye, al cerebro-, todo tú estás enferma. Si sintiese dolor por tí, lo sentiría por lo que veo, por lo que escucho, por lo que huelo... Soy cuerpo, mi alma tiene su forma y enferma -hasta morir-, con él.

-¿Y se supo quién era?
-Mi padre
-¿Su nombre?
-No sé

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PROFECÍA

"La escritura metódica me distrae de la presente condición de los hombres. La certidumbre de que todo está escrito nos anula y nos afantasma. Yo conozco distritos en que los jóvenes se prosternan ante los libros y besan con barbarie las páginas, pero no saben descifrar una sola letra (...)

Quizá me engañen la vejez y el temor, pero sospecho que la especie humana -la única- está por extinguirse y que la Biblioteca perdurará: iluminada, solitaria, infinita, perfectamente inmóvil, armada de volúmenes preciosos, inútil, incorruptible, secreta (...)

Yo me atrevo a insinuar esta solución del antiguo problema: La Biblioteca es ilimitada y periódica. Si un eterno viajero la atravesara en cualquier dirección, comprobaría al cabo de los siglos que los mismos volúmenes se repiten en el mismo desorden (que, repetido, sería un orden: el Orden). Mi soledad se alegra con esa elegante esperanza."


Jorge Luis Borges (Ficciones: La Biblioteca de Babel)